Dal Lazio alla maglia: la filiera corta Lanaioli continua con la lana Sopravvissana

Del Lacio a la prenda: la cadena corta de Lanaioli continúa con la lana Sopravvissana

Se lo prometimos a finales de mayo, justo después del esquileo: os contaríamos qué sucede con la lana de nuestras ovejas Sopravvissane una vez que sale de la granja. Después de revelaros la semana pasada el nombre de la raza, hoy ha llegado el momento de contaros el viaje propiamente dicho: el que lleva el vellón bruto esquilado en el Lacio a convertirse, meses después, en una prenda de punto o un accesorio Lanaioli.

Del esquileo al vellón bruto

Todo comienza con el esquileo, que en nuestra granja se realiza una vez al año, en primavera, cuando suben las temperaturas y las ovejas pueden prescindir de su denso vellón invernal. Es un momento delicado que requiere manos expertas: la lana debe retirarse en un único «manto» continuo, sin estresar innecesariamente al animal y sin dañar su piel. Sin embargo, el vellón que se obtiene todavía no es la lana suave que conocéis: está en bruto, cargado de lanolina, polvo y restos vegetales recogidos por las ovejas mientras pastan. Desde aquí hasta el hilo utilizable para las prendas de punto, el camino todavía es largo.

Lavado, cardado e hilado: la parte que no se ve

Es la fase menos contada de la cadena de producción, pero es la que realmente determina la calidad final del hilo. Nuestro vellón en bruto sale de la granja del Lacio y se confía a empresas italianas especializadas, que se encargan del lavado (para eliminar la lanolina y las impurezas), del cardado (que desenreda y alinea las fibras) y, cuando es necesario, del teñido. Solo en este punto las fibras están listas para el hilado, el proceso que las transforma en un hilo continuo, resistente y apto para trabajarse con agujas o crochet.

Hemos elegido deliberadamente confiar estos procesos a empresas italianas especializadas, incluso cuando habría sido más sencillo y económico externalizarlos en el extranjero: para nosotros, una cadena corta no significa solo «lana italiana», sino un control de calidad que solo puede mantenerse permaneciendo cerca, tanto físicamente como en las relaciones de confianza, de quienes trabajan la materia prima en cada fase.

El último paso: de las manos de los artesanos a vuestros armarios

Finalmente, el hilo obtenido llega a los pequeños talleres artesanales italianos con los que colaboramos, donde realmente toma forma la prenda que vestiréis: un jersey, una bufanda, un par de guantes. Son las mismas manos expertas que desde hace años trabajan el punto para Lanaioli, acostumbradas a tratar cada hilo —ya sea lana merina de cadena corta o hilo regenerado— con el cuidado que merece un material obtenido con tanto trabajo.

Y luego están las personas que, aún más atrás en el proceso, hacen posible todo esto: quienes cuidan cada día de nuestro rebaño en el Lacio, quienes deciden cuándo esquilar y quienes seleccionan qué ejemplares reproducir para seguir mejorando la raza. No son rostros que aparezcan a menudo en las fotografías cuidadas de la moda, pero son la verdadera «primera elaboración» de cada prenda Lanaioli, mucho antes de que la lana llegue a un telar o a unas agujas de punto. En los próximos meses queremos presentaroslas mejor, porque la cadena corta, para nosotros, siempre comienza con alguien.

Por qué os contamos todo esto paso a paso

Podríamos limitarnos a escribir «lana italiana de kilómetro cero» en una etiqueta. En cambio, hemos elegido contaros cada paso —del esquileo al lavado, del cardado al hilado, hasta el taller artesanal— porque creemos que saber de dónde procede una prenda y cuántas manos la han trabajado cambia la manera en que se viste. Un jersey Lanaioli no es solo una prenda abrigada: es el resultado de una cadena que hemos elegido mantener corta, trazable e italiana, partiendo precisamente de la raza Sopravvissana que os presentamos la semana pasada.

En el próximo artículo retrocederemos un paso para contaros por qué proteger una raza ovina en peligro de extinción como la Sopravvissana no es solo una cuestión sentimental, sino una auténtica elección de biodiversidad y de empresa.