Dalla campagna al gomitolo: un'estate nell'azienda agricola di famiglia

Del campo al ovillo: un verano en la granja familiar

Hay un momento, cada año, en que el calendario de nuestra explotación agrícola deja de seguir los meses y empieza a seguir al rebaño. Volvió a suceder a finales de mayo, cuando esquilamos: el día que cierra un ciclo y abre inmediatamente otro, el que llevará, de aquí a unos meses, la lana recogida en los campos a convertirse en las prendas que vestís.

Quien nunca ha vivido de cerca una explotación agrícola suele imaginar la esquila como un gesto rápido, casi mecánico.

En nuestra realidad es todo lo contrario: es un trabajo en equipo que requiere manos expertas, paciencia y respeto por cada animal.

Nuestras ovejas se esquilan una vez al año, a finales de primavera, cuando el calor empieza a hacerse notar y el pesado vellón corre el riesgo de convertirse para ellas más en una carga que en una protección.

Esquilar a tiempo significa, ante todo, cuidar de su bienestar: un animal liberado del peso de la lana invernal afronta el verano de forma más saludable, respira mejor y se mueve con mayor libertad por los pastos.

Pero la esquila es solo el comienzo del trabajo de verano, no su final.

Desde finales de mayo, la atención de nuestra familia se ha centrado en la gestión diaria del rebaño durante los meses más calurosos del año.

Las ovejas se trasladan a los pastos más frescos durante las horas centrales del día, cuando el sol aprieta con más fuerza, y se llevan de nuevo a la sombra o a los refugios en cuanto la temperatura lo requiere.

El agua fresca y siempre disponible se convierte en una prioridad absoluta: revisamos los bebederos varias veces al día, porque un animal deshidratado es un animal estresado, y un estrés prolongado también se refleja en la calidad de la fibra que producirá al año siguiente.

Está también todo el capítulo, menos contado pero fundamental, de los cuidados veterinarios de verano: los controles de la piel recién esquilada, más expuesta y delicada durante las primeras semanas; la prevención frente a los parásitos, que en verano encuentran condiciones ideales para proliferar; y la atención a las uñas y pezuñas durante los desplazamientos por los pastos más accidentados del centro de Italia, donde criamos nuestro rebaño.

Son gestos que se repiten cada día, casi invisibles para quien observa desde fuera, pero que para nosotros representan la parte más auténtica de nuestro trabajo: cuidar de los animales antes incluso de pensar en el hilo que obtendremos de ellos.

Y es precisamente aquí donde se cierra el círculo de nuestra cadena corta.

El vellón recogido a finales de mayo no es «solo» lana para vender: es el primer y verdadero paso de una trazabilidad que nos importa más que cualquier otra cosa.

Después de una cuidadosa selección de las mejores fibras, enviamos las primeras muestras a laboratorios italianos que se encargan del lavado, el cardado y el hilado, los mismos procesos artesanales que desde hace siglos transforman un vellón crudo en un hilo listo para tejer. Estas semanas esperamos con gran expectación los resultados: la finura de la fibra, el rendimiento después del lavado y la calidad del hilo que nacerá de este primer lote experimental.

Vivimos esta espera con el mismo cuidado con el que hemos seguido al rebaño durante el verano, porque para nosotros, en Lanaioli, la cadena corta no es un eslogan de comunicación: es una elección cotidiana hecha de gestos concretos, controles y decisiones tomadas mirando a los ojos de los animales que criamos, no simplemente leyendo un certificado.

Queremos que quien elija una de nuestras prendas sepa de dónde procede realmente: de una explotación agrícola familiar del centro de Italia, de un rebaño del que conocemos a cada animal, de un trabajo que pone el bienestar animal por delante del rendimiento productivo.

Durante los próximos meses os contaremos qué ha revelado el análisis de estas primeras muestras: si el hilo que nacerá tendrá las características que esperamos y cómo avanzará el camino hacia la creación de las próximas prendas de lana de kilómetro cero. Por ahora, el verano en la explotación agrícola continúa así: entre sombra y agua fresca para el rebaño, controles diarios y la espera, nada pasiva, de ver nacer el primer ovillo de esta historia.

Seguid acompañándonos: el camino del campo al ovillo es largo, pero es precisamente esa duración, hecha de tiempo y cuidado, la que marca la diferencia entre un hilo cualquiera y nuestra lana merina de cadena corta.